Esa voz era como una luz que atravesaba la bruma en la vida de Huntley.
No recordaba cómo los blancos negros se habían puesto de rodillas y se habían disculpado delante de él con qué humildad.
Lo único que recordaba era que era la única vez que le habían protegido desde que era niño.
El guerrero que cayó del cielo como un dios del sol le dio esperanza y calor.
—¿Estás bien? —Huntley fue ayudado a ponerse en pie—. Soy Polo, capitán del equipo de boxeo.
—Polo...
Miró sin comprender el rostro angul