Lucía levantó sus grandes ojos llorosos y le preguntó en voz baja—. ¿Y si la compañía se aburre?
Polo se tocó la cara, con aspecto serio y mimado.
—Te dejé sufrir sola con el dolor de tener un bebé, y eso es algo que siempre te deberé. Así que por todo lo demás, no te dejaré sufrir ni un poco más.
—Cariño...
Lucía le abrazó con fuerza, incapaz de controlar las lágrimas.
Polo se secó las lágrimas y rió por lo bajo: —¿Eso te conmovió?
—Bueno...
—¡Qué tontita! —Polo se frotó el pelo.
El sol del ata