La cara de Hera tampoco tuvo buena pinta ahora.
Olivia era el peón que había dispuesto de antemano para utilizar contra Lucía, ¡pero no esperaba que este peón fuera tan inútil, que le cayera mal en pocas palabras y que lo humillaran así delante de todos!
La culpa también era de Lucía, ¡qué monstrua!
Hera se mordió el labio, su rostro no cambió y fingió mirar a Olivia con severidad. —Prima, ¿estás borracha? Qué balbuceas en público.
—Su Alteza, yo...
—¡Y hacer las paces con la señorita Ramírez!
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