Lucía levantó los ojos y se encontró con los suaves de él.
Él era muy trabajador antes, y seguramente no querría que su hijo volviera a sufrir lo que él sufrió.
—Me parece bien mientras Santiago crezca feliz—Lucía dijo en voz suave—. En primer lugar, no tengo grandes ambiciones, ¡así que naturalmente no le pediré demasiado a mi hijo!
—Cariño... ¿Deberías estar pensando lo mismo que yo?
Polo enarcó una ceja.
¿Lo mismo?
Je, ¡cómo podía ser!
Sobre todo cuando pensó que el bebé había estado acaparan