Soledad estaba sentada en la comisaría.
En la habitación pequeña y estrecha con cámaras por todas partes. Sabía que había innumerables pares de ojos detrás de las cámaras observando cada uno de sus movimientos, y justo delante de ella había dos hombres con uniformes de policía, con miradas frías y sofocadas y ni un atisbo de expresión, que la miraban como esculturas de hielo.
Estaba insegura y con miedo, pero aun así hizo todo lo posible por no mostrar su temor.
Una vez que tuvo miedo, tuvo aún