Soledad se despertó aturdida a la mañana siguiente, con la mente en blanco y la cabeza doliéndole como si fuera a rompérsela.
Esperando a que su conciencia volviera poco a poco, fue capaz de conectar brevemente los puntos de los acontecimientos de la noche anterior: había salido de la casa de Lucía un poco deprimida, había intentado comprar una copa pero no había podido por su falta de identidad y se había topado con su vecino viejo.
El amable tío gitano le dio la cerveza y ella se sentó en el c