—Uncle...— Soledad dijo—. Yo... yo tengo algo que decirte...
—Hablaremos de lo que pasa mañana—Daniel la sujetó por los hombros—. Has bebido mucho, vuelve y duerme ahora.
—¡No, no, no! ¡Mañana es tarde, mañana te vas!
Soledad empezó a balbucear.
El alcohol pudo hacer valiente a una persona.
En un día normal Soledad nunca se habría atrevido a acercarse tanto a él.
Pero ahora no sólo se atrevió a apretarse contra su pecho, sino que lo empujó a la habitación tan pronto como pudo a través de su bebi