Patricia parecía muy astuta.
Sonia asintió y rió suavemente: —¡Mamá, lo entiendo todo!— Y le tendió el teléfono a su madre.
El cuadro de diálogo estaba lleno de mensajes que había enviado a Lucía, compartiendo gran parte de su rutina diaria además de sus saludos cotidianos.
Sólo después de haber enviado una veintena de mensajes, Lucía respondía con un vale.
Patricia lo miraba y volvió a fruncir el ceño.
No le pareció suficiente.
—Sonia, ¿qué haces publicando estas cosas inútiles con ella todo el