En los últimos días, el proyecto no había progresado. Lucía y Ann ni siquiera pudieron entrar por la puerta del Grupemente Baro.
Ann estaba un poco desinflada, en cuclillas al costado de la carretera con una cara triste.
El sol quemó la tierra y la gente hacía muchísimo calor.
Lucía le entregó una botella de agua y sonrió suavemente,—Busquemos un lugar para almorzar primero y luego regresemos por la tarde para probarlo.
—Es inútil, Lucía. —Ann era decadente, —Parece que Elián no nos está engañan