Cuando Lucía volvió a casa del trabajo, vio a Polo jugando a las cartas con su madre.
Las cartas se jugaban de una forma peculiar, con reglas tediosas que ponían a prueba la lógica y la paciencia de uno. Su madre le había enseñado a jugar desde niña, pero ni siquiera pudo aprender, y entonces su madre no volvió a sacar aquella baraja.
No esperaba que estos dos se divirtieran.
Hubo un estallido de risas en el salón, y Polo fue lo suficientemente listo como para perder todas las partidas sin detec