Polo se quedó atónito: —¿Qué has dicho?
—¿Me ayudarás?
¡Claro que sí! Gritó furioso en su mente.
Pero su rostro permaneció tranquilo, tosió ligeramente dos veces y dijo con voz grave: —¿Por qué de repente quieres que te ayude?
—Porque... —Lucía hizo una pausa—. Para hacer que algo suceda, además de tus propios esfuerzos, también tienes que utilizar todos los recursos a tu alrededor que puedas, ¿no?
Polo estaba un poco sorprendido.
Érase una vez, en su primera clase en la escuela de negocios, el