En un instante, Lucía oyó un estruendo. El sonido de una bala atravesando el cristal resonó en el patio pequeño.
A continuación, reinó el caos.
Lucía cayó al suelo. Su conciencia se volvió borrosa gradualmente, pero con el último atisbo de determinación, se esforzó por arrastrarse hacia afuera.
—Querido, sálvame...
Sin embargo, ¡una mano grande la agarró bruscamente por el cabello!
El intenso dolor que casi le desgarraba el cuero cabelludo y el cráneo hizo que no pudiera evitar soltar un grito.