—Sin embargo, antes de eso...
...
Polo llamaba a Lucía sin cesar una vez que bajó del avión, pero nadie respondía.
Esa sensación ominosa instantáneamente comenzó a corroer su corazón como millones de pequeños insectos.
Se apresuró en dirección a su casa, pero justo cuando llegó al pie del edificio, se encontró con las personas que Omar Pérez siempre había enviado allí.
Al verlo, todos quedaron boquiabiertos y sorprendidos.
—Sr. Polo, ¿no... no ha ido a la tienda?
—¿Qué? —Polo sintió un apretón e