—Al ver que no pudiste matar a Lucía García, lo dije a Carlos —él giró la cabeza para mirarlo—. Este dinero te lo di por su orden. ¡Te deja vivir porque puedes servir en el futuro!
El muchacho de repente extendió la mano y lo agarró bruscamente de las mejillas, con una expresión facial traviesa.
—Jaja, creo que la idea de Carlos es fantástica... ¡Sería una pena que perdieras la cara!
Jorge sintió que se le erizaban todos los vellos del cuerpo. Aunque había estado en la cárcel durante mucho tiemp