El rostro de Jorge cambió y en secreto empuñó la daga oculta en su manga.
Antes de venir, Carlos le había ordenado que fuera cortante, que hablara menos y que no dejara que nadie viera el problema.
Pero no parecía muy fácil lidiar con esta mujer...
Además, había que arrastrarla al bosque para matarla, porque no era prudente hacerlo en este café.
Jorge no pudo evitar mirarla unas cuantas veces más.
Así que esta era Lucía, ¡la esposa que Polo había tomado en su lugar!
Nunca pensé que cuando estaba