—Pero...
Las palabras estaban a punto de salir de su boca, pero Carla no pudo pronunciarlas y solo tragó con fuerza.
Era el tipo de cosas en las que nadie más podía interferir, excepto él explicándoselo personalmente.
—Bueno —Lucía sonrió, pellizcándole ligeramente la naricilla—. ¿Por qué estás tan anomal hoy? ¿Es porque no te han dado una galleta?
Carla tiró de mala gana de las comisuras de los labios y sacó las galletas con ella.
Las campanillas de viento sonaban en la puerta y los invitados e