Cuando se enteró de que Rubí se había ido, el mundo se le vino abajo en un segundo.
—¿Dónde está mi esposa? —gritó a la enfermera que intentaba explicarle algo. Pero no escuchó la respuesta. Solo vio a la Nana de Rubí en el pasillo, pálida, con un papel en las manos temblorosas —y esta vez, no temblaban precisamente debido a la edad—.
—Lo siento —susurró la mujer mayor, acercándose con lentitud y una mirada llena de tristeza—. Esto lo dejó Rubí. Dice «SOLO EROS» en el sobre. No se lo he mostrado a nadie… ni a la policía. Es su letra.
Le arrancó el papel de las manos sin querer ser tan brusco, pero sin poder evitarlo tampoco.
“Eros,
Alberto tiene a Esperanza.
Me pidió 10 millones en efectivo.
Me voy sola. Si intentas seguirme, la matará.
Por favor, consigue el dinero.
Es lo único que importa ahora.
Te amo.
Perdóname.
Rubí”
Leyó las líneas tres veces, sintiendo cada palabra como si fuera un cuchillo que se clavaba en su pecho, desangrandolo.
Después arrugó el papel en