Cuando se enteró de que Rubí se había ido, el mundo se le vino abajo en un segundo.
—¿Dónde está mi esposa? —gritó a la enfermera que intentaba explicarle algo. Pero no escuchó la respuesta. Solo vio a la Nana de Rubí en el pasillo, pálida, con un papel en las manos temblorosas —y esta vez, no temblaban precisamente debido a la edad—.
—Lo siento —susurró la mujer mayor, acercándose con lentitud y una mirada llena de tristeza—. Esto lo dejó Rubí. Dice «SOLO EROS» en el sobre. No se lo he mostra