Luego de lo que le pareció fueron horas, se detuvo frente a un almacén viejo que tenía la pintura descascarada y las ventanas tapadas con cartón.
Un dolor intenso le atravesó la pelvis con cada paso que daba en esa calle desierta. Se quedó allí de pie, temblando, mientras miraba a todos lados sin saber qué venía a continuación.
—¿Buscando algo, princesa?
La carcajada de Alberto estalló justo detrás de ella, haciéndole dar un salto con el corazón en la boca. Él estaba a menos de un metro, con l