Su respiración se entrecortó y dio un paso atrás, simulando que esto no tenía que ver con ella.
No, ese hombre que estaba ahí no era Eros.
No, él no podía reconocerla.
Y mientras más se repetía eso en un intento de autoprotección, más se daba cuenta de que era inútil.
Aun así no desistió. Dio un paso atrás, a punto de girarse y correr por el amplio pasillo del hospital, con rumbo a cualquier sitio que pudiera mantenerla lo más alejada posible de ese hombre.
—¡Rubí! —y entonces escuchó su nombre