La mano de la mujer estuvo a punto de dejar caer la pistola. Simplemente no podía creer lo que había hecho.
No lo había pensado.
Solamente había actuado movida por un impulso, por la conmoción de enterarse de que Eros había estado moviendo los hilos de su vida, haciendo todo para tenerla en sus manos; que había estado obsesionado con ella desde hacía tantos años. Durante tanto tiempo, que simplemente no le cabía en la cabeza. Pero, ¿significaba eso que merecía morir por su mano?
La respuesta er