—No deberías estar aquí —fue la respuesta del hombre, mientras caminaba con grandes zancadas hacia ella.
Inmediatamente, retrocedió sin soltar el cuaderno que era la prueba de todo. Por supuesto que no estaba imaginando cosas. Él lo había dejado todo redactado allí. Cada fecha, cada observación. Era la prueba viva de su vigilancia.
—¡¿Eso es lo único que dirás?! ¡¿Por qué no me explicas mejor cómo demonios llegaron estas fotografías hasta aquí?! —gritó, perdiendo por completo el control. Ese