—Te escuché —dio un paso atrás, mirándolo con los ojos llorosos. No lo podía creer. Verdaderamente lo había escuchado.
—¿Lo hiciste, Rubí? ¿Lo hiciste? —preguntó Eros con el audífono en la mano, visiblemente emocionado.
—¡Sí! —se tapó la boca con las manos, tratando de contener el grito que quiso surgir de su garganta—. ¡Verdaderamente te escucho! ¡No lo puedo creer!
Su esposo la abrazó y entonces sus labios se encontraron en un beso tímido. El contacto primeramente estuvo lleno de euforia y