El campus estaba envuelto en una calma relativa, pero aquella calma ya no era la misma de días anteriores. Las luces artificiales delineaban los senderos y las plazas con una claridad que parecía casi clínica, y al mismo tiempo, las sombras entre los árboles, más largas por la hora avanzada, ofrecían rincones donde el movimiento se percibía más lento, más estratégico. Caminábamos juntos, Zoe y yo, con la sensación de que cada paso podía ser observado no solo por nosotros, sino por un conjunto i