El mundo se había vuelto un susurro opaco. Incluso el sonido de mi propia respiración parecía lejano, amortiguado, como si hubiera caído dentro de un túnel interminable donde las emociones se desvanecen antes de poder tocarme. No sentía miedo, no sentía rabia, no sentía dolor. Solo un vacío profundo, frío y absoluto que se extendía por cada fibra de mi ser.
Me escondí en la penumbra del corredor, pegada a la pared, observando desde la distancia sin ser vista. Cada palabra que cruzaba la habitac