El aire era pesado, casi sólido, como si cada respiración que tomara se pegara a mis pulmones con un peso de hierro fundido. Sentía el latido constante de mi corazón como un tambor distante, pero insistente, recordándome que aún estaba viva, aunque la sensación de desvanecimiento se colara en cada rincón de mi conciencia.
Ivy estaba allí. Siempre había estado allí, aunque nunca como ahora. La vi inclinarse sobre mí con una mezcla de urgencia y calma, una contradicción que solo ella podía encarn