ZOE
La noche cayó como un velo pesado sobre la mansión, pero yo no podía dormir. Cada músculo de mi cuerpo estaba agotado, cada fibra de mi mente tensa, y aun así, cuando finalmente cerré los ojos, algo más profundo me arrastró hacia un sueño que no reconocía como mío.
Todo comenzó en penumbra. La habitación que me rodeaba no era la mía. No era la de Dante, ni siquiera la de Ivy. Era un espacio indefinido, con paredes que parecían fluir, líquido y sólido a la vez, y un frío húmedo que se infilt