ZOE
El silencio en la habitación era tan pesado que podía escucharlo en mis propias sienes. Cada respiración era un recordatorio de que había sobrevivido, pero que el precio había sido alto. Mi cuerpo estaba cubierto de moretones, cortes, hematomas recientes, cada uno un marcador de la fuga imposible que me había llevado hasta Dante. Pero mi mente… mi mente se sentía como un tablero inestable, piezas moviéndose sin que yo pudiera detenerlas.
Ivy estaba allí, como un espectro incómodo, observán