—¿Estás segura de esto? —preguntó Dante, su voz grave, como si pudiera contener una tormenta.
—No —respondí, sin mirarlo—. Pero no tengo opción.
—Siempre hay opción, Zoe.
—No cuando el pasado conoce tus fallas, tus claves… y aún así, te sigue deseando.
Su silencio fue más elocuente que cualquier grito. Lo que íbamos a hacer era una locura. Pero si quería tener acceso a la torre de comunicaciones más vigilada de Europa, solo había un nombre al que podía acudir.
Erasmus Whinter.
También conocido