En el camino de regreso, ella ya estaba mentalmente preparada, pero al escuchar esas palabras, sus pasos aún se detuvieron un instante. ¿La princesa más distinguida de la familia Valenzuela? ¿No debería ser Aitana? ¿Cómo es que Valentina?
Aitana, conteniendo su envidia y descontento, lanzó una mirada discreta a Valentina, para luego, sumisa, bajar la vista. Solo quedándose en la Villa Valenzuela tendría una oportunidad.
—Abuelito… —dijo Aitana, esbozando una sonrisa y llamándolo con voz suave.
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