Valentina, con las mejillas encendidas en un tono rojizo, parecía aturdida por un momento. Pero pronto, se sintió extremadamente mareada.
—¿Marido? ¿Qué marido?
Miró su teléfono, pero su visión seguía borrosa y no podía verlo con claridad. La fatiga la invadió, y Valentina se dejó caer en el sofá, su respiración se fue haciendo más y más regular. El teléfono aún mostraba la llamada en curso.
En el hotel, Santiago tenía una expresión seria.
—¿Valentina?
Llamó varias veces, pero ella no respondió.