Santiago observaba con ternura el rostro dormido de Valentina, sonriendo con cariño. Temiendo que ella rechazara el anillo estando despierta, aprovechó su sueño para deslizarlo cuidadosamente en su dedo anular.
Cuando Valentina despertó, el sol apenas emergía del horizonte marino. La vista la dejó asombrada. El tiempo parecía detenerse, y después de un largo momento, Valentina giró hacia su esposo. En la tenue luz, su apuesto perfil parecía fusionarse con la belleza del entorno. Su corazón latía