En el lujoso coche, Lucía le hizo señas a Valentina.
—¡Valen, sube rápido!
Valentina, con una sonrisa, respondió a su entusiasmo y se subió al coche. Lucía entonces notó el anillo en su mano. Con sólo una mirada, Lucía desvió la vista, sin indagar demasiado, ya que sabía que ese anillo sin duda había sido un regalo de Santiago a Valentina.
Don Raúl, al ver a Valentina, no pudo ocultar su sonrisa. Después de comer, Valentina y Alonso tomaron las medidas a don Raúl. Alonso también se dio cuenta de