**LEONARDO**
Y entonces la escucho
—Decepcionante, Montenegro —dice con frialdad.
La palabra se me clava más hondo que el agua helada. Levanto la vista despacio, casi con el temor de un soldado descubierto en plena deserción.
Y ahí está… La coronel Carter. Inmutable, con los brazos cruzados sobre el pecho y la espalda tan recta que parece sostener el peso de todo un ejército. Su mirada no es un reproche: es un veredicto, Uno del que no hay escapatoria.
Intento hablar, pero la garganta se me cie