**LEONARDO**
Noah conduce con esa precisión calculada que solo él maneja. Cada giro lo toma con una naturalidad tan fría que pareciera haber ensayado este recorrido mil veces. Yo lo observo de reojo y sé que no se trata de simple pericia: es discreción pura, un instinto afilado para no perder de vista a quienes vamos siguiendo sin llamar la atención.
Delante de nosotros, el auto de Henry avanza con esa arrogancia que destilan los vehículos de lujo. El vidrio polarizado apenas me regala una somb