78. Agradecimiento inesperado
Nuria
Todavía no conseguía entender lo que estaba pasando.
El dolor ya no era insoportable. El cuerpo empezaba a responder, poco a poco. Pero no era eso lo que me dejaba confusa.
Era él.
El maldito Alfa de Boreal.
Aquel lobo enorme, bruto, dominante hasta el último cabello… me estaba cuidando como si yo fuera de cristal. Dormía a mi lado, o mejor dicho, vigilaba, como un guardián silencioso. No dejaba que nadie me tocara. No permitía que me esforzara. Y más que eso… decía cosas que removían par