79. Obsesión
Nuria
Tres días.
Fue el tiempo que mi cuerpo necesitó para entender que aún existía vida aquí dentro. Que no estaba muerta, ni había sido llevada por la Diosa, por más que, en algunos momentos, lo hubiera deseado.
Desperté hoy con los ojos más firmes. Con los músculos aún débiles, pero obedeciendo poco a poco. Y con un olor en el aire que delataba que él estaba allí, rondando, cuidando.
Sentado, en silencio, en el rincón de la habitación del hospital, como si su única función en el mundo fuera