58. Mi manada, mis reglas
Stefanos
El aire cambió.
No fue un sonido.
Fue un instinto.
Un llamado ancestral que me arrancó el control de las entrañas y me hizo girar sin pensar.
Mi lobo levantó la cabeza, gruñendo como una sombra viva en mi espalda.
Algo andaba mal.
Muy mal.
Salí del salón sin mirar atrás. Las palabras, las luces, los brindis y las sonrisas... se convirtieron en polvo.
Solo existía una cosa: Nuria.
Mis pasos se convirtieron en carrera.
La adrenalina me quemaba en las venas, acelerando la sangre como fueg