325. No puedo creerles
Jason
Ella entró primero. Y yo me quedé parado en la puerta de la maldita habitación.
Respiré hondo. Mis instintos gritaban que no debería estar allí. Que no era seguro. Que era una trampa. Que en cualquier segundo alguien podría arrancarme lo que me quedaba de vida y de orgullo.
Pero estaba allí.
Por ella.
Solo por ella.
Si Kiara no estuviera dentro de esa habitación, yo ya habría desaparecido en medio de la noche. Pero mi loba terca, con esos ojos que ardían con todo lo que nunca tuve... me a