225. Un golpe de suerte
Nuria
El coche avanzaba por el sendero como un animal ciego. Cada piedra en el camino parecía hurgar en algo dentro de mí. Jenna estaba a mi lado, en silencio. El sonido de su respiración era lo único que me recordaba que aún estábamos allí, vivas, intentando creer que aquello era solo un trayecto... y no un adiós.
El camino era largo. Pero el silencio entre nosotras era aún mayor.
"¿Tú también lo sientes?", murmuré, sin mirarla.
"Lo siento". Su respuesta fue casi un susurro. "Como si algo estu