125. Beta idiota
Jenna
La sangre de ella todavía estaba en el suelo.
No podía dejar de mirarlo.
Apoyé la mano en la barandilla de la camilla, tratando de controlar las náuseas, mientras el olor metálico del dolor aún llenaba el aire. La sábana usada para detener la hemorragia había sido arrojada a un cesto, pero mi mirada insistía en volver a ella.
Nuria.
Mi amiga.
Mi Luna.
Stefanos la trajo en brazos. Gritando. Sangrando. Rasgando el mundo con el sonido de su nombre.
Cerré los ojos por un instante, intentando