El despertar no fue un alivio, sino una inmersión en una niebla espesa y gélida. Abrí los ojos y lo primero que sentí fue el peso del silencio en la habitación, un silencio que se sentía antiguo, como si guardara secretos que no quería que yo descubriera. Parker estaba sentado al borde de la cama, observándome con una quietud depredadora, una postura de vigilancia que me hizo encoger los hombros instintivamente.
No recordaba la noche anterior. Tenía un vacío punzante en la sien, un agujero negr