Había vuelto a cantar, siempre fue una de mis pasiones, no lo había hecho después de que la perdí, solo en la serenata a Maju. Ellas la volvieron a traer, me miraba con enojo y no era para menos. Tenía todo el derecho de estar dolida. ¿Quién no lo estaría?, sin embargo, me seguía amando y que se vaya regresando a Dubai, ese tal dios del amor a la misma Conchinchina, Virginia volverá a ser mía. Y me importa un carajo quedar como un arrogante presumido.
—¡Te ves muy contento!
Las chicas se sent