Frente al espejo del ático, Elara no veía a la mujer que huyó de la mansión Vance. Con la ayuda de técnicas de maquillaje que había aprendido en Europa para eventos de alta sociedad, estaba alterando su propia identidad.
Usó un contorneado profundo para endurecer sus pómulos y afinar su nariz, restándole esa suavidad juvenil que Dante recordaba. Un par de lentes de contacto de un azul gélido ocultaron sus cálidos ojos castaños, y una peluca de cabello corto, negro azabache y corte asimétric