El aire en la unidad médica de la mansión siempre se sentía más denso, cargado con el zumbido constante de los monitores y el olor a esterilización. Pero esa tarde, Elara había decidido cambiar la atmósfera. Había traído consigo un pequeño altavoz que reproducía suavemente la música de jazz que su padre solía escuchar en su vieja radio mientras preparaba el desayuno en el pequeño apartamento.
Sentada junto a la cama, Elara no tenía un libro de texto en las manos. En su lugar, sostenía la mano