Capítulo 60

‎El silencio en el ala médica del Castillo de Glenmore era más aterrador que el estruendo de la tormenta que seguía fustigando las Tierras Altas. Elara no se había movido de la silla junto a la cama de su padre en las últimas seis horas. Su espalda estaba rígida, sus manos entrelazadas con tanta fuerza que los nudillos parecían piedras blancas. Ya no lloraba. Las lágrimas se habían secado, dejando en su lugar una mirada de acero frío dirigida a la puerta, el lugar donde Dante Vance permanecía

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RosanaPor favor autora no la hagas perdonarlo tan fácil ¡Que Dante sufra por ella!
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