La invitación llegó a Vance Enterprises no por correo, sino a través de un mensajero que entregó una caja de laca negra grabada con el escudo de armas de los Cavendish. Dentro, sobre un lecho de terciopelo gris, reposaba una tarjeta de invitación para una cena privada en el ático del Hotel Sovereign, la propiedad más exclusiva de Alistair en la ciudad. No era una petición; era un desafío envuelto en formalidad británica.
Dante leyó la tarjeta mientras el aroma a sándalo de su propio despac