Capítulo 23

El frío del pabellón de aislamiento en el ala norte de la mansión Vance no era un frío climático; era un frío molecular, de esos que se instalan en la médula ósea y te recuerdan que el mundo ha dejado de ser un lugar seguro. Habían pasado exactamente cuatro horas y doce minutos desde que los guardias de Dante la habían arrastrado por los pasillos, con sus pies descalzos rozando el mármol frío, hasta arrojarla en aquel cuarto de paredes acolchadas.

​Elara estaba sentada en un rincón, con la es
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