La casa estaba en silencio, pero en la mente de Aurora, el eco de aquella llamada retumbaba como un golpe sordo. Su respiración se había vuelto entrecortada, su cuerpo temblaba sin control.
"Te veo."
Esas dos palabras se habían incrustado en su piel como hielo, paralizándola.
Intentó moverse, intentó pensar con claridad, pero su visión comenzó a nublarse, el mundo giró a su alrededor, y antes de que pudiera reaccionar, sus piernas cedieron.
Elena, que estaba justo al otro lado del pasillo