La ambulancia se alejaba con rapidez, llevando a Aurora al hospital mientras Alexander permanecía en la entrada de la casa, su mandíbula apretada y su mente consumida por la incertidumbre. Su madre y su padre estaban a su lado, ambos claramente preocupados, pero conscientes de que Alexander tenía demasiado peso sobre sus hombros.
—Hijo, tenemos que ir detrás de ella —dijo Roberto con tono firme.
Alexander asintió, pero su mirada se movió al teléfono en su mano. Su equipo aún estaba desplega