El sol comenzaba a ocultarse cuando Alexander regresó a la casa después de una larga reunión en el comando. Su mente estaba llena de estrategias, rutas y posibles movimientos enemigos, pero en cuanto cruzó la puerta, todo eso pareció disiparse. Allí estaba Aurora, esperándolo con una sonrisa tenue, el brillo cálido de la luz dorada resaltando sus facciones delicadas.
Sin pensarlo, Alexander dejó el maletín en la mesa y se acercó a ella, envolviendo su cintura con firmeza. Aurora se apoyó en su